Cuando llega la hora de dormir y te acuestas sigues siempre la misma rutina, noche tras noche: ajustas la almohada, te cubres con las mantas y cierras los ojos, esperando que el sueño llegue, siempre en el mismo lado de la cama. Esto es algo que todos hacemos sin darnos cuenta, pero ahora, el doctor experto en sueño, Eduard Estivill, ha explicado por qué ocurre esto.
El doctor es uno de los mayores expertos en medicina del sueño en España, y ha resuelto una de las curiosidades más comunes entre las parejas: ¿por qué siempre dormimos en el mismo lado de la cama, incluso cuando cambiamos de lugar? Según el especialista, la elección de un lado para dormir no es casual, al contrario, responde a una necesidad clave de nuestro cerebro, la rutina.
“Escoger el lugar donde duermes, forma parte de una rutina, porque para empezar a dormir necesitamos actos rutinarios”, explica Estivill.
La elección del lado de la cama es uno más de los pequeños hábitos que nos preparan mental y físicamente para el sueño, igual que cepillarse los dientes o preparar la ropa del día siguiente.
El patrón se mantiene incluso cuando estamos fuera de casa. Según Estivill, “la gente normalmente se pone en el mismo lugar de la cama, incluso cuando después se van de viaje o van a un hotel, siguen durmiendo en el mismo lugar, no cambian”.
Modificar el lado puede alterar la calidad del sueño: “Pruébalo y verás que no dormirás bien con la pareja”, advierte el médico. “Si un día te pones a la derecha, al día siguiente a la izquierda, otro día a la izquierda, otro día a la derecha... verás que te costará más dormir”, acaba diciendo el doctor.
La explicación está en cómo funciona el cerebro a la hora de inducir el sueño. Las rutinas previas al descanso actúan como señales que ayudan al cerebro a desconectarse del estrés y de la actividad diaria. Cualquier alteración en esas costumbres, por mínima que sea, como cambiar de lado en la cama, puede generar una sensación de incomodidad y retrasar la aparición del sueño.
“Es un tema de rutina, y por esto hemos de ser muy rutinarios para conseguir que el cerebro se desconecte y aparezca el sueño”, concluye Estivill.
