Con la cantinela de los niños de San Ildefonso sonando de fondo, justo antes de los turrones, la política española ha resumido en 48 horas el año que termina y ha anticipado el que está a punto de comenzar. Dos reuniones, una en Barcelona y la otra en Madrid, y las declaraciones aledañas de sus protagonistas han vuelto a confirmar que la relación del Gobierno central con el independentismo no solo se ha normalizado, sino que ahora mismo resulta mucho más fecunda y menos crispada que la que mantiene con el principal partido de la oposición y ganador de las elecciones. Y entre una y otra cita, dos hechos relevantes. Mientras el barómetro del CIS aliviaba la erosión de Pedro Sánchez por sus concesiones a ERC y Junts, el sucesor de Alberto Núñez Feijóo en la Xunta de Galicia pulsaba el botón de un nuevo ciclo electoral en 2024.

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