Isidre Esteve (Oliana, 1972) cumple 20 ediciones del Dakar, la décima en cuatro ruedas, a bordo del Hilux T1+ del Repsol Toyota Rally Team, junto a su inseparable copiloto Txema Villalobos. Asegura que en todos estos años, compitiendo en África, Sudamérica y ahora, Arabia, las ha visto “de todos los colores”. Y se queda con un aspecto: “Esta carrera es la más inclusiva. Aún en silla de ruedas, te sientes igual a los demás y puedes dar rienda a tu pasión, aquí no valen excusas”.
¿Cómo se presenta este 20º Dakar?
Tengo muchísimas ganas de arrancar. La planificación que comenzamos en febrero ha ido como estaba previsto, pudimos ir al Rally de Portugal y al de Marruecos, que es una especie de ensayo general porque los equipos van con todas las novedades y nosotros acabamos de hacer la última puesta a punto del coche. Ya son cinco años en Arabia y conocemos la filosofía del director, David Castera. Creo que la forma como plantea el Rally del Marruecos la replicará la primera semana del Dakar. Y a nosotros allí nos fue muy bien.
Al final se han decantado por ir con el mismo coche de los últimos tres años…
No podíamos ir al Dakar con un coche nuevo, un V6 Turbo, era arriesgar demasiado. Este coche lo conocemos y sabemos que lo podemos llevar el máximo en todos los terrenos. Viendo el recorrido del Dakar 2025, pienso que ha sido una buena decisión ir con esta unidad de Toyota T1+. En Marruecos fue muy bien. Todos los tiempos parciales que tenemos son buenísimos. Por lo tanto, eso nos hace llegar muy animados a Arabia.
Castera asegura que el Dakar 2025 será más un rally de resistencia, que de sprint ¿Les favorece que sea así?
Nunca se sabe. El Dakar favorece al que no le pasa nada. Pero es verdad que ahora hay un nivel increíble, con 20 o 22 pilotos de equipos oficiales. Es decir, seguro que se correrá mucho desde el principio, porque todo el mundo quiere ganar. Nosotros somos conscientes de qué estructura tenemos. Contamos con el apoyo de una gran marca, Toyota y de nuestros patrocinadores, pero no somos un equipo oficial. Necesitamos un margen de seguridad un poco más amplio, porque si arriesgamos mucho, quizás cuando tengamos que cambiar algo, no podremos. Ahora bien, mi experiencia nos ha de ayudar en algo.
En la presentación del equipo bromeó con la posibilidad de ganar el Dakar a los 60. Le quedan ocho años de margen para ser como Sainz…
Por favor, no podría compararme nunca en la vida con Carlos, ni es mi intención. Lo que pretendía decir es que lo importante es cómo se encuentra uno para afrontar una carrera tan dura. Si estás bien físicamente, tienes ganas, estás motivado, tienes un equipo que confía en ti, puedes seguir adelante. Yo no quiero quedarme aquí. Lo que había hecho en moto lo quiero replicar en coche. Quiero mejorar, ser más rápido, tener un mejor coche y más oportunidades para pelear arriba.
¿Qué ha sido lo mejor y lo peor de estos 10 años en moto y 10 años en coche?
Yo siempre he dicho que desde que fui al Dakar por primera vez en el 98 soy mejor persona. Muchas veces no valoramos la suerte que tenemos, muchas cosas que hemos normalizado en nuestro día a día. El deporte, la competición, es una forma de vida que no entiende de calendarios de Navidad, ni vacaciones de agosto, ni de nada. Lo mejor fue pelear con los mejores en motos, haber estado en el Dakar liderando, con posibilidades de ganar. Y ahora es una ilusión tremenda hacer este mismo viaje sobre cuatro ruedas.
¿Siente cierta nostalgia de los tiempos en que el Dakar era más una aventura?
Esta carrera tiene que ser difícil, complicada. No podemos luchar contra el avance tecnológico, que ha hecho que el Dakar esté mucho más controlado y sea más seguro. Ahora, cuando tienes un accidente, el helicóptero médico está allí en 15 minutos o menos. Cuando oigo que gente dice, ‘el Dakar ya no es lo que era’ pienso, ostras, ¿por qué? La carrera como era antes no se puede continuar haciendo. Ahora si tu hijo está corriendo el Dakar, un día no te llama y no saben donde está, se montaría un ‘pollo’…En Africa, tú llegabas a Gaó, a Tumbuctú, habían salido 300 pilotos y a las 10 de la noche solo había 10 en el vivac. No te planteabas dónde estaban los otros 290, eso era épico. Fue genial disfrutar de aquella época, pero las cosas evolucionan y la carrera ha sabido evolucionar.
Ya no habla de un top 10 o un top 20 ¿ha racionalizado sus objetivos deportivos?
Yo puedo salir aquí y decir que veo muy factible terminar de los cinco primeros, pero no sería honesto, porque hay cinco marcas oficiales. ¿Qué opciones tengo? Sobre el papel, entre el 20 y el 30. Cada vez que nos mezclamos con los pilotos oficiales en ese top 20 es extraordinario, no es lo normal. Así que el reto es subir de nivel los próximos años y creo que estamos en el camino adecuado.
De todos los escenarios en los que ha competido en sus 20 Dakar ¿cuál es el más le ha gustado?.
África fue genial, una aventura muy hermosa. Sudamérica era increíble por la afición, la gran cantidad de gente que había en la pista siempre y Arabia, a nivel deportivo es perfecto, tenemos un recorrido y un paisaje fantástico.
Al margen de consideraciones deportivas, su caso sirve de inspiración a muchas personas que sufren una discapacidad. ¿Está orgulloso de su contribución?
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He podido seguir haciendo lo que me apasiona desde mi lesión medular en 2007 y en ese sentido he podido servir de ejemplo. También me siento orgulloso de la Fundación que lleva mi nombre y del Centro que tenemos en Sant Cugat, que abre cada día de 9 a 18 horas. Actualmente, tratamos entre 45 y 50 personas de forma continuada. Y cada persona que deja nuestro centro ha recuperado la confianza, ha roto una barrera para sentirse más autónoma… aunque solo fuera por ayudar a una persona, ya valdría la pena.
