Las risitas de Dimitri Foulquier el pasado sábado no son más que un reflejo de la gestión Meriton, de la catadura futbolística de una buena parte de esta plantilla y del “seminfotismo” que impera en los despachos del club, empezando por Solís, pasando por Don Ron Sacapecho Gourlay y acabando por Kiat Lim y el holograma paterno. Es esa sonrisa otro fruto más de una evidencia lamentable de uno de los peores futbolistas que ha vestido esta camiseta valencianista y ha llevado el brazalete. Y digo que es muestra de la decadencia porque ese señor, al cual antaño le salvaba de su pésimo nivel el ímpetu y la seriedad, se le premió con una renovación que el valencianismo no entendía y sigue sin entender. Gracias Corberán, también, porque entre tus patéticos números al frente del equipo, hay que añadir que esta persona se haya quedado este año y el que viene, viviendo la buena vida.

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