El Real Zaragoza mantiene una de las masas sociales más numerosas de la categoría y una de las más fieles. Ni los años en Segunda División ni su condición de gigante dormido han logrado disuadir a una de las aficiones más fieles de España. Cada fin de semana, en la capital aragonesa o a cientos de kilómetros de casa, miles de aficionados siguen acompañando al equipo. Se trata de una fidelidad que está al margen de la actualidad deportiva, un vínculo que, lejos de mermar con los resultados, parece haberse blindado con el paso del tiempo.

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