Luis García tiene razón, pero solo en parte. No es habitual afrontar un partido con la incertidumbre previa de si se llegará a tiempo para jugar. Sin embargo, en esta ocasión el contexto fue muy distinto al que se ha querido dibujar. La víspera del encuentro, los futbolistas ya se encontraban en sus respectivos domicilios a las 23.00 horas, con tiempo suficiente para descansar adecuadamente.
[–>[–>[–>No hubo madrugón ni estrés añadido. Les esperaba un vuelo chárter, sin colas y con espacio suficiente para que cada jugador viajara cómodo y con todas las necesidades cubiertas, en un trayecto de menos de dos horas. Un desplazamiento, por tanto, lejos de ser una odisea. De hecho, tanto LaLiga como la RFEF entendieron que no existían motivos objetivos para el aplazamiento y así lo certificaron.
[–>[–>[–>A partir de ahí, conviene separar el contexto de las decisiones. Es probable que Las Palmas hubiera afrontado el partido de manera diferente si los futbolistas hubieran dormido la noche anterior en Ceuta, acumulando horas de espera y esa tensión invisible que, en muchas ocasiones, pesa más en la cabeza que en las piernas. Pero no fue el caso. Esta es la plantilla que hay y esta fue la gestión que se decidió hacer. Cabe preguntarse, además, si el discurso habría sido el mismo en caso de victoria.
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Porque el fútbol de esta UD es el mismo de día o de noche, tras un vuelo largo o uno corto. El problema no está en el desplazamiento, sino en el rendimiento y en la necesidad evidente de reformular la plantilla en el mercado de invierno, ya queeste equipo tiene un amplio margen de mejora.
[–>[–>[–>En ese contexto, el entrenador tuvo la oportunidad de dar entrada a los fubolistas menos habituales, a aquellos jugadores menos castigados por el desgaste de la temporada. No lo hizo. Y esa decisión responde, simple y llanamente, a una falta de confianza en ellos, algunos de los cuales, además, no seguirán más allá de enero. Por eso chirrían sus declaraciones. Más aún cuando existen clubes mucho más modestos, igual de profesionales, que se sacrifican de manera constante para competir sin levantar la voz. Equipos que conviven con dificultades logísticas reales y aun así dan la cara cada jornada.
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Quizá lo más coherente habría sido mostrarse orgulloso del equipo por no perder en Ceuta en unas condiciones poco habituales, sin recurrir a excusas ni a detalles superfluos. Sin quejas que no representan al sentir canario, que por su condición de insularidad sabe bien lo que es viajar, esperar y convivir con este tipo de contratiempos desde siempre.
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[–>El entrenador de Las Palmas tuvo la oportunidad de ser caballeroso y la desaprovechó. Una lección que, quizá, le sirva para el futuro.
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