Todos los sabemos. Todos lo disfrutamos. Todos lo hemos vivido en primera persona, pero aquí estoy yo, por si todavía hay algún despistado, para recordárselo: el Real Oviedo está en Primera División y la ciudad ha disfrutado y sigue disfrutando de tal logro por todo lo alto.
Pero si de disfrutar hablamos, no podemos olvidar que un buen ovetense organiza sus vacaciones en función de cuando cae San Mateo, que es el momento del año en que la gente se echa a la calle a disfrutar de las fiestas con las amistades y a desconectar un poco de la terrible rutina. Pero me falla algo.
Si la ciudad está eufórica por el ascenso del club y estos días estamos celebrando nuestras fiestas patronales, ¿por qué la presencia del Real Oviedo en las mismas es residual? Lo más oviedista que me encuentro son estos chicos que venden por la calle camisetas del Oviedo, exactamente iguales que las que nos ofrece la tienda del club, solo que por 50 euros menos.
¡Ay! si hubiéramos llevado a alguno de estos chavales, y no a “Chuso“, Lleida y Suárez, a negociar por Lomónaco, Jovic o Maksinovic. Conseguirían que los tuviéramos jugando aquí, y por la mitad de precio.
Llevo unos años en los que, en San Mateo, vago de caseta en caseta sin encontrar mi lugar. Rodeado de personas, sí, pero me siento como Eduardo Noriega deambulando por la Gran Vía madrileña, vacía de gente, en “Abre los ojos”. Camino, me relaciono y me es imposible obviar que la morocha quiere que alguien la saque a bailar o que la potra salvaje, en el oleaje, no pierde el sentido…
Pero a mí, y a muchos más, lo que nos gusta escuchar es que “no podemos vivir así, viendo a nuestro equipo sufrir”, que “de padres a hijos no hay otra elección, este escudo se defiende con el corazón” o que “cuando solo eras un crío, no pasaste fríooooooooo”.
Y ya, si estos temas los pinchan desde lo alto de un chiringuito, Burilo y Pajarón, como sucedía todos los años en el de la Aparo, hasta que lo cerraron, la fiesta sería para recordar. Una de esas imágenes icónicas de San Mateo, que pasará de generación en generación, como la actuación de Slash en el Pinón Folixa; escuchar “La Salve Rociera”, en el chiringo de los Estudiantes, mientras en el vecino “Rincón Cubano“, todos los clientes cantaban “Comandante Che Guevara” o; el hacerse una foto con Jon Erice a las 6 de la mañana.
Y es que, señoras y señoras, aunque soy consciente que parezco bendecido con el don de la eterna juventud, tristemente, me voy haciendo mayor y, de la mano, me pongo nostálgico cada dos por tres. ¿Se imaginan ustedes como serían las noches en el chiringuito de la Aparo, durante estas fiestas de San Mateo, con el Oviedo en Primera? Si en Tercera y Segunda B ya eran una fiesta total, ahora en lo más alto, serían una auténtica locura.
Allí todos juntos y bien avenidos. Salías de fiesta y compartías tragos, cánticos y confidencias con empleados y directivos del club, periodistas que siguen la actualidad azul, exfutbolistas, aficionados de otros equipos que admiraban envidiosos ese ambiente festivo y cientos de oviedistas que disfrutábamos de lo lindo, mientras los directivos de la asociación de peñas, con un duro trabajo por delante, pidiendo vacaciones en sus trabajos para ir a currar al chiringuito esos diez días de fiesta, sacaban fondos con los que sufragar las líneas azules, con los que los peñistas de fuera de Oviedo acudían al Tartiere.
Es una pena. En todos los aspectos de la vida hay que avanzar, hay que mejorar, hay que ir para adelante, pero en este caso, es un hecho que hemos retrocedido, pero nunca es tarde si la dicha es buena, y aún estamos a tiempo de dotar del don del oviedismo a nuestras fiestas más queridas. Luchemos por un San Mateo oviedista y cantemos, más alto que nunca: ¡Viva San Mateo!, ¡Viva Oviedo! y ¡Viva el Real Oviedo!
