Un gol de César Álvarez en el minuto 92, cuando el 0-0 ya parecía imposible de modificar, premió al Tenerife con un triunfo de insistencia y de fe. Otra manera de ganar. Con apuros, con sufrimiento, al borde del final. Y ya son 14 esta temporada, la cuarta seguida en este tramo del calendario. Una victoria de esas que parecen reservadas solo para los equipos grandes, esos que tienen que ganar porque son mejores y lo consiguen como sea, y que castigan a los más modestos, equipos que entran en el vestuario con la sensación de haberlo hecho todo bien. O casi todo. No fue suficiente para un digno Talavera, cuyo rendimiento defensivo rozó la perfección ante el rival más goleador de la categoría.

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