El 5 de noviembre de 1933, el antiguo estadio de Buenavista vivió un día que pasó directamente a los libros azules. El Oviedo, recién llegado a Primera División, jugaba el primer partido de su historia en la élite del fútbol español y lo hacía contra nada más y nada menos que el Barça, mismo equipo con el que los azules se verán las caras mañana en el Tartiere (21.30 horas), y con el que lleva veinticuatro años sin medirse. Asturias tenía por fin un representante en la máxima categoría y el estreno no pudo ser mejor: 7-3 para los azules, un marcador que todavía hoy sigue siendo el mejor debut de un recién ascendido en la historia de la Liga.
Aquel equipo, dirigido por Emilio Sampere, saltó al campo con nombres que se han convertido en patrimonio del club: Óscar, Calichi, Sion, Mugarra, Sirio, Chus, Casuco, Gallart, Lángara, Herrerita y Emilín. Enfrente, un Barça que también traía figuras de peso como Nogués, Zabalo o Ventolrá. No empezó bien la tarde para los carbayones. A los 14 minutos el marcador reflejaba un 0-2 tras dos tantos de Ventolrá que parecían enfriar la ilusión del estreno. Pero el Oviedo se encargó de darle la vuelta a la historia para que todos los asistentes, que habían pagado la friolera de 495,10 pesetas por asistir al encuentro, se marchasen a casa contentos con el debut.
Gallart firmó el primer gol azul en Primera, un tanto que abrió la puerta de la remontada. Luego apareció Herrerita, dos veces, para llevar el empate al descanso (3-3). La segunda parte fue un vendaval: tres goles consecutivos de Lángara, imparable, y un cabezazo final de Mugarra cerraron la cuenta con el 7-3 definitivo. Asturias ya tenía equipo en Primera y lo anunciaba al mundo con una goleada al Barça.
Curiosos los números de aquel partido en cuanto a lo económico: 8.355 pesetas de recaudación, 75 de prima para cada jugador y un acta que recogía hasta un penalti detenido por Nogués a Lángara. Tres penaltis a favor del Oviedo en un mismo partido. Increíble.
Pero lo que quedó para la memoria tras aquel choque fue el nacimiento de la llamada “delantera eléctrica”, ese ataque formado por Lángara, Herrerita y Emilín que maravilló a toda España. El Oviedo acabaría sexto en la tabla a final de año, segundo equipo más goleador del campeonato, solo por detrás del Athletic de Bilbao, y con Lángara como máximo artillero con 27 tantos.
Más de noventa años después, la historia vuelve a repetirse. El Oviedo, en su regreso a Primera, vuelve a enfrentarse a ese mismo rival que aquel día fundacional: el Barcelona. Mañana, el Tartiere recogerá el testigo de Buenavista. Otro estadio, otra época y otra generación, pero con la misma esencia: un club que vuelve a medirse a los grandes desde el orgullo, valor y garra.
