Ver al Manchester City esta temporada está siendo doloroso para los que se consideran admiradores de Pep Guardiola. Lo más grave de la eliminación en Champions contra el Real Madrid fue que el cuadro inglés no compitió. Nunca hubo sensación de poder meter mano en los 180 minutos de la eliminatoria. El partido que acogió el Etihad contra un Liverpool (0-2) que puede empezar a pensar en cómo celebrará la Premier League fue un ‘déj vu’ de ese sentimiento. Salah y Szoboszlai volvieron a condenar a un equipo que comete demasiados errores y que estuvo lejos de pelear por los tres puntos.
El fútbol que propone el técnico catalán es complejo. Si se ejecuta con excelencia, es imparable. Sin embargo, si falla la presición, aunque sea la de un solo integrante del engranaje, se transforma en un fútbol ‘normalito’, dependiente del talento de los hombres de arriba y en una máquina de generar errores atrás y ‘regalar’ partidos.
Ante el Liverpool, en un partido con menos alicientes de los que debería de tener a estas alturas de competición, Guardiola buscó sacar jugo de la electricidad de Doku y Savinho en los extremos y de la movilidad de Marmoush en la punta de ataque, pero el protagonismo, para mal, lo tuvo por enésima vez una zaga que cada jornada que pasa se muestra más endeble. Y el gran faraón egipcio, Mohamed Salah.
Salah sigue siendo el rey
El ’11’ red demostró que él es el rey de Egipto. En el futuro lo será Marmoush, sin lugar a dudas, pero aunque lo intentó de todas las maneras, estuvo lejos de ser tan determinante como lo fue el gran referente del equipo de Slot. Un minuto tardó el City en cometer un error en salida de balón; catorce, Salah en adelantar a los suyos.
El City ya había cometido tres errores en salida de balón. Todos ellos, abortados por Khusanov, el último, tras un lío de Rico Lewis en la banda derecha que acabó en saque de esquina para el Liverpool, oportunidad perfecta para sacar rédito de una pizarra espectacular. Balón raso de Mac Allister al primer palo, cesión atrás de Szoboszlai al primer toque y disparo franco de Salah desde el corazón del área.
La posesión la dominaba el City, pero el Liverpool estaba cómodo sin balón. Slot sabía que su mejor baza para generar peligro eran los errores de los skyblues. Cerca de la media hora de choque, Marmoush definió a la perfección un pase filtrado dentro del área. Pero un par de pasos de Konaté hacia adelante dejaron al egipcio en fuera de juego. El gol no valía.
Szoboszlai, inmenso
El que si subió al marcador fue el de Szoboszlai, seis minutos después, que sacó un latigazo raso con su zurda después de que Salah lo dejase solo dentro del área culminando una jugada perfecta de un Liverpool que aún tiene muchas cosas de Klopp. El 0-2 al descanso enfrió a un Etihad que no estaba muy confiado con una posible remontada.
No tocó nada Guardiola al principio del segundo acto, que emuló el guion del primero. Marmoush empezó muy activo, probando a Alisson desde distintos flancos, pero fue el Liverpool el que volvió a golpear. En el 56′, por suerte para el City, el VAR salió al rescate invalidando el tercero de Curtis Jones por un fuera de juego bastante justo.
El ‘susto’ empujó al City a dar un paso hacia adelante, que tuvo un par de ocasiones tímidas, primero una volea de Doku que durmió Alisson en su pecho y después, pasado los 70 minutos de juego, un centro de Savinho que cortó providencialmente Van Dijk. Khusanov, en el 83′, frenó el tercero del Liverpool, que iba a ser el particular ‘doblete’ de goles para Szoboszlai y de asistencias para Salah.
Sin realizar un esfuerzo demasiado importante, el Liverpool, que ya le saca 11 puntos al Arsenal, dio otro disgusto a un Manchester City que, sin Champions y sin opciones a la liga, se tendrá que conformar con la pelea por la ‘zona Champions‘.
