Lo mejor de la noche no fueron solo los tantos de Jesús de Miguel y Enric Gallego; también lo fue la atmósfera de fútbol e ilusión que hubo en el Heliodoro Rodríguez, que volvió a latir como en sus mejores días y como si viviera ajeno a la nueva realidad del CD Tenerife. Dispuesto a demostrar que el sentimiento blanquiazul no entiende de división, ni de categorías, el aficionado blanquiazul acudió a su reencuentro con el representativo y firmó un ambiente propio de Primera o Segunda División. Así lo acreditan los dígitos de afluencia de espectadores –14.201–, que rebasaron con creces los de algunos encuentros de la campaña pasada.

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