Carlos Moyá, exnúmero uno y entrenador de Rafa Nadal durante su última etapa en el tenis, consiguió guiar al manacorense a levantar sus últimas victorias en la pista. Su llegada al equipo fue para introducir mejoras en su juego, aunque no a todos les sentó bien el rol que tenía. De eso, y de cómo vivió su etapa como entrenador de uno de los grandes, ha hablado en una entrevista para Punto de Break.
[–>[–>[–>Tras la retirada del circuito de Rafa Nadal, Moyá no ha vuelto a formar parte de ningún equipo y así espera seguir. Después de siete años al frente de uno de los mejores jugadores del mundo, el extenista afirma estar muy feliz disponiendo de tanto tiempo libre: “Toda mi vida ha tenido un horario y desde que hace año y medio que Rafa dejó de jugar, quería tomarme un tiempo sabático.”
[–>[–>[–>Moyá ha tenido la oportunidad de ser el número uno y posteriormente entrenar a otro. Una situación que le ha demandado mucha exigencia, pero que define de increíble: “Siendo entrenador, no creo que se pueda aspirar a más”, explicaba el técnico. Y es que la buena sintonía que mantenía con Nadal viene de muchos años atrás. “La ventaja es que yo le conocía desde que tenía 11 años, conocía a su familia, a sus amigos y sabía que tenía más talento de lo que la gente pensaba”.
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“Quiero guardarle luto”
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Un sentimiento que ahora se vuelve en su contra, ya que tener esa conexión tanto con él como con el resto de integrantes del ‘team’ Nadal es lo que hace tan difícil “saltar a otro equipo; quiero guardarle una especie de luto, no quiero ir con nadie”. Acompañar a grandes tenistas implica mucha energía y asegura que “ahora no puedo ofrecer eso”, estar al pie del cañón durante siete años le dejó “bastante vacío de energía y ahora no puedo ofrecer eso, no veo una vuelta cercana a corto plazo”, asegura Carlos.
[–>[–>[–>Tennis player Rafael Nadal (l) and his coach Carlos Moya (d), in an archive image. EFE/EPA/SCOTT BARBOUR / –
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Su relación con Rafa Nadal empieza antes de iniciar su vínculo como entrenador-alumno y es que ya habían realizado algunos entrenamientos cuando Nadal era pequeño. En ese momento confiesa que “no pensaba que sería tan bueno, para mí era impensable que ganara tantos Roland Garros, era imposible que alguien apostara eso”.
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Una llegada que causó tensión
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Su llegada causó una situación complicada para el que era entonces el único entrenador de Rafa, su tío Toni Nadal. En un principio ingresó en el equipo compartiendo las mismas responsabilidades, pero poco después acabó adquiriendo el título de entrenador principal. Una etiqueta de la que reniega un poco el mallorquín: “Nunca me ha gustado identificarme como el cabeza del equipo”.
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[–>Sobre Rafa como jefe: “Te convertías en un funcionario”
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Carlos explica que el problema de muchos exjugadores cuando pasan a ser entrenadores es el ego. El extenista explica que ser parte del equipo de Rafa era algo increíble que iba más allá de una relación únicamente profesional: “Éramos todos amigos, Rafa es un jefe espectacular, demasiado bueno, era incapaz de echar a alguien”. Para añadir que, una vez entrabas, “te convertías en un funcionario” y que la exigencia que ejercía sobre él no era comparable con lo flexible que era con los “que estábamos a su alrededor”.
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Moyá asegura que le recomendaba que experimentase con gente nueva, porque para él hay una fecha de caducidad en la relación de tenista-entrenador. “Yo creo que lo ideal es que un entrenador tiene que estar cuatro años con un tenista, y yo estuve siete con Rafa”.
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Rafa Nadal with his coach, Carlos Moyá, in training / EFE
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Además, destaca que cuando llegó al equipo Rafa tenía 30 años, no 20, y que, por tanto, “las piernas no eran las mismas”. Su objetivo era mejorar algunas cosas de su tenis, sobre todo el posicionamiento en la pista; “intentaba aportarle cosas nuevas y él estaba muy abierto a cambiar”.
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Antes de entrar en el equipo, Moyá explica que mantuvo una conversación muy bonita con Rafa, donde trataron todos aquellos aspectos en los que trabajarían: “Yo vi que él estaba dispuesto a afrontar la evolución y los cambios que le proponía”.
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“Estando mal sigue siendo el mejor de la historia”
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El exnúmero uno afirma que existía un mito en cuanto a la necesidad de que Rafa necesitara jugar muchas competiciones: “Para mí nunca era que necesitara ritmo, hacer muchos partidos o campeonatos, y él se lo creyó”. Asegurando que él podía estar lesionado y no jugar, y aun así volver y ganar.
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Con su edad, lo que necesitaba, según su opinión, era ser “más eficiente, entrenar menos horas y guardar más energía”. Una mentalidad muy diferente a la que se había acostumbrado Nadal. “Él pensaba que iba a empeorar si no calentaba una hora o si el día anterior no tocaba bola, pero es que, sin estar bien, para mí sigue siendo el mejor de la historia”, concluía el técnico.
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