Ya fue el curso pasado el FC Barcelona una reivindicación de aquello de la juventud, divino tesoro. Hansi Flick cogió a un puñado de chavales que apenas pasaban de los 20 años (junto con una selección de perfiles más experimentados) y lo convirtió en una máquina de competir. Supo conjuntar a la perfección el hambre y la irreverencia de la adolescencia con el saber estar y el temple de futbolistas como Lewandowski, Koundé, Szczesny o Frenkie de Jong.

ttn-25