Como si fuera invencible, Tadej Pocagar entró en la Piazza del Campo de Siena magullado, ensangrentado y con el maillot arcoiris hecho jirones. Pero también en solitario y con los brazos en alto, de nuevo ganador tras reponerse de una durísima caída a 50 kilómetros de meta que puso en riesgo todas sus opciones de completar un triplete nunca antes visto en una de las clásicas más importantes del mundo del ciclismo.

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