Antes de que el Real Madrid saltara al OAKA para disputar la final de la Euroliga ante Olympiacos, el aficionado blanco podía estar orgulloso de su equipo, que luchaba por ser el mejor de Europa y se había clasificado con solvencia para los playoffs de ACB. Sin embargo, todo cambió a partir del viaje de vuelta de Grecia. Los de Scariolo no dejaron de perder y cerraron una pésima temporada sin títulos.

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