Esperas tu momento. No te rindes. No dejas que te atrape el desánimo. Asumes tu edad. El club al que perteneces. Mientras los demás, los que se preocupan por ti, tratan de hacerte ver que lo mejor es irte a otro lugar, tú insistes, tú sigues yendo a entrenar con el mejor ánimo, feliz, aguardando tu oportunidad. Pasan los entrenadores, uno de ellos te envía a Alcoy en plena Navidad… dos veces… pero tú vuelves pese a tu buen papel en la montaña, jugando una categoría por encima de quien te «echa». Tu sitio es este. Lo sabes. Lo defiendes. Lo disfrutas. Hasta que una noche, en el ocaso del otoño, delante de ocho mil personas, cuarenta y dos partidos después, con solo 21 años y toda la carrera por delante, marcas un gol que vas a recordar toda la vida.

ttn-25