El Gran Premio de Estados Unidos, que se celebró en Austin (Texas), tuvo un comienzo de enorme incertidumbre. Había llovido, pero cuando los pilotos llegaron a la parrilla ya no llovía. Las motos estaban equipadas con neumáticos de lluvia y, de pronto, Marc Márquez (Ducati), se bajó de su moto y salió corriendo, rumbo a su taller, para coger la ‘Desmosedici’ con las gomas de seco y sorprender a todos, aunque hubiese tenido que arrancar desde su garaje.

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