En tan solo una semana, en España han ardido casi 100.000 hectáreas, una superficie que equivale a 10 veces el tamaño de Barcelona. Alimentados por un cóctel molotov formado por calor extrema, falta de humedad, fuertes rachas de viento y una sequía que ha convertido el sotobosque en material inflamable, la ola de incedios que mantiene en jaque a la Península forma parte de una nueva generación de fuegos caracterizados por su rápido avance y virulencia.

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