“Tengo 48 años y llevo conviviendo con los síntomas desde la infancia”. Cristina ya sentía en el colegio muchos dolores y un cansancio mucho mayor que el de sus compañeros. Durante la adolescencia, su madre la llevó a todo tipo de médicos, pero las pruebas no mostraban nada anormal. “Era como estar enferma sin que nadie pudiera demostrarlo”, explica a este diario.