Era la gran noche de la UD Las Palmas. El día marcado en el calendario por la afición, que volvía a casa después de un verano intenso en lo referido al mercado de fichajes. El momento de la reivindicación de los casi 23.000 abonados en Segunda División, pero sobre todo la noche del héroe inesperado: del canterano Ale García, que demostró en pretemporada y ganó el pulso al resto de nueves de la plantilla. Titular, gol a los siete minutos, y una celebración de estudio, en la que García se llevó la mano a la oreja.
Una noche que estaba siendo perfecta, con una primera mitad de éxtasis en la que los amarillos, aunque era demasiado pronto, volvieron a creer. Hasta que todo se empezó a torcer. Unos minutos de mal de ojo a la UD Las Palmas bastaron para que Sergio Barcia hiciera el empate para el Andorra con un gol en propia puerta y para que Iván Gil, una de las sensaciones del equipo, se rompiera.
El Estadio de Gran Canaria, ante casi 20.000 asistentes, pasó del éxtasis al llanto y las gradas, que se mostraron llenas de energía durante 75 minutos, enmudecieron. Los fantasmas del pasado visitaron el recinto de Siete Palmas y recordaron lo fácil que es encajar un gol, o la mala suerte que supone que uno de los tuyos caiga lesionado en la primera jornada de Liga. Una nueva temporada, pero con el mismo infortunio de la pasada en lo que a la suerte se refiere.
En principio, un esguince
La buena noticia estuvo en la titularidad, el gol y la actitud de Ale García, mientras que la mala estuvo principalmente en Iván Gil. Lágrimas descontroladas sobre el verde, que se retorció de dolor y no dudó en pedir el cambio. No pudo levantarse por su propio pie, ni siquiera incorporarse, por lo que el tuvo que entrar en el terreno de juego el vehículo de asistencia médica para hacer saltar las alarmas. En principio, las primeras observaciones apuntan a un esguince, aunque no será hasta hoy cuando se conozca un diagnóstico más completo.
La noche, marcada por las dos caras de la moneda, la pudo rematar nuevamente Ale García con un gol que fue anulado y con una ocasión que finalmente no cuajó en la portería. Pero sin embargo la remató Valentín Pezzolesi, que fue expulsado. La UD mostró valentía en los primeros 25 minutos, pero se fue desinflando poco a poco hasta dejar un titular claro: el nueve estaba en casa.
Con el deseo de que la lesión de Iván Gil no sea de gravedad, queda aferrarse a lo que demostró el equipo amarillo en los primeros compases de juego, con un notable cambio de actitud en comparación al curso pasado y el nombre propio de Ale García. “Estoy muy contento, llevo mucho tiempo trabajando para esto y haré lo que haga falta por este equipo, me voy a dejar la piel”, expresó al finalizar el encuentro.
Una noche que pasó del éxtasis al llanto, pero que dejó destellos de luz. Más aún cuando todavía falta una maratón de 41 partidos para llegar a la cima. Tiempo al tiempo.
