Pau Víctor and Dani Olmo, in training / Valentí Enrich
Laporta y su junta directiva sufrieron hasta el final. La cuenta atrás fue desesperante. Muchas horas sin novedades y pendientes de que la Liga diera por buena la nueva palanca del Barça que tenía que garantizar la inscripción de Dani Olmo.
Fue un espectáculo dantesco e impropio de un club como el Barça. Es verdad que no es la primera vez que sucede esto de solucionar problemas a deshoras y con nocturnidad, pero llegar a la noche de fin de año sin la garantía final de que todo terminaría bien es impropio de un club serio. Tener a los empleados de la Liga, a los del FC Barcelona y a todos los barcelonistas pendientes de esa inscripción no es de recibo.
La sensación de improvisación y de debilidad económica que transmitió el club durante las últimas 24 horas del 2024 daña todavía más la imagen de un presidente y una Junta Directiva incapaces de trabajar con previsión y eficacia. Gestionar el club sin un consejero delegado o un director general lleva a estas situaciones. Sin duda, la gestión familiar no vale para una entidad como el FC Barcelona.
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Al final, a pocas horas del 2025 y cuando todo parecía perdido, la Liga y la Federación fueron benevolentes con el Barça. La concesión de una moratoria camuflada no garantiza la inscripción final de Dani Olmo, pero que da tiempo a Laporta para evitar el desastre. Dejar al fichaje estrella de la temporada sin poder jugar hubiera sido un golpe difícil de encajar. Pues eso, que las campanadas salvaron a Laporta. Un lamentable culebrón que todavía no tiene fin, pero que abre las puertas a la esperanza. El día 3 el último capítulo. Tengan ustedes un feliz 2025.

