El cambio fue sustancial. Desde que, una hora antes del choque, se hizo pública la alineación de un Real Zaragoza al fin con dos puntas natos. Le costó a Sellés entender que Guti ni ha sido, ni es, ni será mediapunta, fundamentalmente, porque no tiene gol (ha marcado dos en sus cuatro últimas temporadas) y tampoco destaca por su potencial para asistir. Tiene disparo, sí, y capacidad de trabajo, también, pero donde mejor desarrolla esas virtudes es en la sala de máquinas y junto a otro compañero con el que compartir tareas de corte y confección. A Keidi Bare eligió Sellés como compañía para el canterano, en una de las sorprendentes decisiones del técnico, que, sin embargo, salió vencedor del duelo de banquillos. Con el albanés repartiéndose el trabajo, las alturas y las tareas con Guti, el Zaragoza mejoró hasta que le aguantó el físico. Cuando al doble pivote le comenzó a faltar el aire, el equipo se cayó y sufrió hasta que Sellés , al que le volvió a costar entender lo que le transmitía el partido, tiró de Saidu para aportar ese aire fresco necesario.

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