Al contrario de lo que ha sucedido en otras ocasiones, el favorito desde el primer momento, Julián Calero, es el que asumirá las riendas del nuevo Real Oviedo. Hoy será anunciado por el club. Intentará el parleño construir un conjunto sólido, equipo de autor, y de paso levantar la moral del oviedismo, algo alicaído tras un año, el del Centenario, que no fue como se esperaba precisamente. La apuesta por Calero nace en Asturias para viajar después a México y obtener el refrendo de Jesús Martínez, clave en todas las operaciones. Incluso dentro del vestuario los futbolistas azules sabían que Calero era el preferido en el caso de que Almada no siguiera al frente. Lo conocían días antes de que LA NUEVA ESPAÑA informara del interés en exclusiva el pasado 18 de mayo.
[–>[–>[–>Este último detalle, el de la no continuidad de Almada, no siempre estuvo claro. Más bien al contrario: el primer deseo de la propiedad, no discutido en Asturias, era el de la continuidad del técnico. Nació esa idea en el momento álgido, tras la goleada en Balaídos, refrendada por la confianza ciega que Martínez siempre había depositado en el preparador que hizo campeón a Pachuca. Pero después, la opinión viró.
[–>[–>[–>Lo hizo en parte por las relaciones con el vestuario y, también, porque la imagen del equipo fue en picado. A medida que se perdían oportunidades de pelear la salvación, el Oviedo fue cayendo en competitividad. Y eso, en la filosofía de Almada, era un suicidio. Así lo entendió el técnico y -detalle importante- su cuerpo técnico para empezar a meditar otras opciones de futuro.
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En pleno debate interno sobre la idoneidad del entrenador que lidere el proyecto en Segunda es cuando se producen varias reuniones con los futbolistas. Incluso hay una, en Madrid el día antes de jugar en el Bernabeu, en la que participa el propio Almada con algunos de los pesos pesados. De ese encuentro sale la idea, común en todas las partes, de que lo mejor es tomar otra dirección. No hay entendimiento posible.
[–>[–>[–>Y es también en esa serie de encuentros en los que los hombres fuertes de la directiva deslizan a los veteranos que Julián Calero es la alternativa más sólida para entrenar al equipo. O, al menos, el que más gustaba. Estamos aún a mediados de mayo y la idea está fijada. Otro nombre que se sugiere en aquellas reuniones es el de García Pimienta, pero es una vía que no se llega a explorar más adelante.
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Después, Almada da el paso al frente y confirma su marcha, y el Oviedo se pone manos a la obra con la sucesión. La forma de trabajar no es diferente a la de otras ocasiones, con la dirección deportiva elaborando una lista de entrenadores para enviar a México y que Martínez le dé su toque personal. Pero sí hay un par de novedades. Una, que el dueño de Pachuca esta vez no añade ningún nombre de su cosecha. Dos, que durante esta parte del proceso, Cata, secretario técnico de Osasuna pretendido para la dirección deportiva, participa en la confección de candidatos.
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[–>Calero estaba en esa lista que viajó a México, por supuesto, y junto a él otros cuatro o cinco nombres, José Juan Romero por ejemplo, alternativas que ofrecer a Jesús Martínez, todas ellas con el mismo patrón: conocedores de la Segunda española. El dueño de Pachuca también coincidió con esta premisa, entendiendo que la apuesta por un hombre de su confianza pero sin experiencia en España no era lo más adecuado en estos momentos. No hubo en esta ocasión candidatos llegados de México.
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Fuentes conocedoras de las negociaciones cuentan que no fue difícil convencer a Martínez de la idoneidad de Calero. Además, el contacto directo con el parleño, a través de videoconferencia, salió perfecto y de ahí salió la convicción por parte del mexicano de que le entregaría al Oviedo. La temporada con el Levante, ascenso como segundo equipo más goleador, sirve también de argumento contra los que podían acusar al parleño de defensivo y poco acorde con las sensibilidades del dueño.
[–>[–>[–>Cuando Martínez ofrece una rueda de prensa ante los medios ya lo tiene claro. El dirigente dice aquello de “me gusta un entrenador intenso, con personalidad, disciplinado, dentro y fuera del campo. Y que trabaje mucho. Que sean obsesivos del fútbol, como yo”. Estaba definiendo lo que había percibido en Calero.
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Hecha la elección, en los últimos días se han afinado los detalles contractuales, con una norma por parte del Oviedo: no comprometerse dos años de forma incondicional. No se quieren cometer errores del pasado. La voluntad de Calero también ha sido firme desde el primer momento, conoce la casa y aunque tuvo opciones fuera de España su deseo era continuar aquí. Oviedo es una plaza que conoce y el proyecto le atrae, por eso le dio orden a sus agentes de dejar otras propuestas en un segundo plano para centrarse en el Oviedo. Los caminos estaban condenados a encontrarse.
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