Al parecer Fernando Alonso ha decidido que, de momento, no habla para los micrófonos de DAZN. Sus razones tendrá, que yo no voy a cuestionar y ante las que, por supuesto, no voy a sumarme al aborregamiento especulativo de las teorías que circulan por ahí para argumentarlo.
[–>[–>[–>Pido una entrevista con Álex Márquez, y me dicen que hasta que no se haya recuperado no va a hablar. Ojalá se reponga pronto del susto que tuvo -y nos dio- en el Circuit.
[–>[–>[–>Me invitan a un acto con los pilotos de Alpine en Barcelona, pero me dicen que el equipo no les permite hacer declaraciones. Una pena porque hubiera sido interesante poder felicitar ante las cámaras a Franco Colapinto por la temporada que está haciendo.
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Al mismo tiempo me convocan para el mismo día a la inauguración de un concesionario de Aston Martin la semana del GP en Montmeló, aunque no me confirman la asistencia de sus pilotos. Que Lance Stroll vaya o no al sarao no es algo que me quite el sueño. Sin entrevistas a la vista creo que les daré el teléfono del Departamento Comercial de la casa para que consulten las tarifas por publicitar los coches que se venden en ambos establecimientos. Un poco caros, por cierto, aunque -eso sí- muy bonitos.
[–>[–>[–>El bueno de Emilio me escribía el otro día: “Mira José Luis, los pilotos están hartos de entrevistas, de actos promocionales, de que les pidan asistir a eventos, de las exigencias de sus managers”.
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Y lo puedo entender. A mí me pasa lo mismo, aunque como autónomo que soy, la depresión en la que caigo cuando suena el despertador y la “bajona” me dura cada mañana lo mismo que tardo en ir de la cama hasta la ducha. Y con lo que me pagan no puedo negarme a compartir bastante de mi tiempo en estos menesteres que me niegan quienes no tienen mi premura para llegar a fin de mes.
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[–>Recientemente mi amigo Antoni Bassas me decía: “Ahora ya no basta con tener el teléfono de una celebridad; lo importante es que te lo cojan cuando llamas”. Afortunadamente a mi aún suelen atenderme. Aunque sea para decirme que no. Eso siempre y cuando antes no descuelgue el mánager o la agencia de (in)comunicación de turno, que viven de la exposición de sus representados aunque a veces lo olviden.
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Y a todo esto, la F1 llega este fin de semana a la carrera número 1000 de su historia. Que ya son carreras. Será en Mónaco, como no; una cita que, como todo el mundo sabe -como el nombre de Mariano Rajoy– suele programarse como telonera de la siguiente, ni más ni menos que el GP de -ahora- Barcelona-Catalunya. Sabia decisión.
[–>[–>[–>Y ante la efeméride, uno reflexiona sobre la historia de este campeonato que, con permiso del inmenso Jordi Hurtado, tiene casi tanta historia como su conspicuo “Cifras y letras”. Cómo eran las carreras y sus héroes en los inicios, y en qué se han convertido hoy.
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Con una diferencia: los protagonistas de antaño eran millonarios por genética; los de hoy se han convertido en así de cresos gracias a su pericia en el oficio. Pero también, y sobre todo, gracias a la difusión que han obtenido para mayor satisfacción de cuantos invirtieron en su empeño: los patrocinadores. Esos mismos que, supongo, ahora no se si deben estar muy satisfechos con esa tendencia al mutismo que ha infectado los paddocks.
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Cupra Terramar / Cupra
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Porque de esto va la cosa de los cracs enmudecidos del deporte, aunque más de cifras que de letras. Hablo con Maverick Viñales para que me cuente cómo está. Me lo explica, pero en un ejercicio de sinceridad que le honra me dice que ha decidido no dar entrevistas: “No tengo nada que decir”.
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Y puede que, en realidad sea eso: que no tienen nada que decir. No voy a esperar otras mil carreras a que encuentren motivo de conversación.
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