Keirrison de Souza Carneiro. Nombre de jugón. Y de infame recuerdo para todo el barcelonismo. Protagonizó una de las operaciones más oscuras que se recuerdan en las oficinas del FC Barcelona. Un contrato que estuvo siempre bajo la sombra de la sospecha y del que se lucraron, más allá del jugador, intermediarios y un sinfín de personas. Ni siquiera llegó a jugar un minuto oficial con la primera plantilla azulgrana.

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