Lewandowski fell injured at Celta
El Barça enfoca la recta final de la temporada con todos los frentes abiertos: a los culés más supersticiosos les de mal rollo hablar de triplete, pero la realidad es que las opciones están sobre la mesa. Si nos atrevemos a hablar de porcentajes, podríamos cifrar en un 75 por ciento de posibilidades de llevarse la Liga, un 60 por ciento de ganar la final de Copa y un 50 por ciento de pasar a la final de la Champions.
Pero un factor obligará a revisar esos porcentajes, que tienen el mismo rigor científico que las intuiciones; es decir, ninguno. La lesión de Robert Lewandowski, máximo goleador del equipo, es un golpe tan difícil de encajar que bien podríamos definirlo como el mayor reto de Hansi Flick desde que asumió el banquillo del Barça, y eso que ha tenido retos mayúsculos; para empezar, el de regenerar a un equipo que había llegado a un callejón sin salida.
¿Qué hará el entrenador para intentar compensar esa dolorosa ausencia? No se trata solo de táctica o de nombres, sino sobre todo de intentar convencer al grupo de que sin el polaco se puede tumbar al Madrid en una final de Copa y doblegar a un equipo tan correoso como el Inter en una semifinal a doble partido.
De cómo gestione Flick esta ausencia dependerá el balance final de la temporada. ¿Injusto? Probablemente sí, pero así está montado este negocio: sanciones y lesiones forman parte del panorama diario de los entrenadores. No tendría sentido quejarse: mejor emplear esas energías en buscar un plan B lo suficientemente solvente.
Dos nombres aparecen en el horizonte como candidatos idóneos para ‘hacer’ de Lewandowski: Ferran Torres y Dani Olmo. Son diferentes, pero ambos conocen la posición y han demostrado sobradamente que están preparados para asumir el reto; uno como experto en profundizar los espacios y otro como pareja asociativa de sus compañeros de ataque.
Pero más que los nombres, inquieta la dinámica: algunos de los gestos que se vieron tras la victoria ante el Celta, en medio de una euforia general y muy merecida, dieron qué pensar. ¿A qué venía el enfado de Ansu Fati o Héctor Fort? ¿Tiene sentido que Ferran se vaya del campo tan cabreado?
Evidentemente, ni a Flick se le ha ido el vestuario de las manos ni hay motivos para pensar que estos gestos vayan a repetirse. Pero al entrenador le esperan decisiones importantes: algunas serán impopulares.
Y bien harían los jugadores en respetarlas. Si han llegado hasta aquí bajo la bandera de este entrenador, que sigan alineados con él.
Al menos, hasta el final de temporada: ya llegarán los reproches, si alguno los tiene.

