The players of the Spanish team celebrate the victory against the Netherlands / Kai Fosterling / EFE
España pasó a la final four de la Nations League después de una agotadora eliminatoria de 210 minutos que fue decidida desde los 11 metros, en la tanda de penalties. No brilló España, pero tuvo fogonazos suficientes para llegar al cara o cruz donde la suerte le sonrió, algo que empieza a ser habitual desde que está De la Fuente en el banquillo. Pedri puso la guinda a una buena actuación de Unai.
Sin hacer un gran partido, más gris que nunca, incluso sin chispa durante muchos minutos, Lamine Yamal encendió la llama en la prórroga con un golazo estratosférico. Un gol que tenía que ser decisivo si no hubiera aparecido otro producto de la cantera azulgrana como Xavi Simmons para empatar por tercera vez el partido. Como el día de la marmota. Países Bajos nunca se rindió. Ya sería la última porque entonces los penalties acabaron decidiendo el partido, lanzamientos desde donde, precisamente, Lamine falló.
Un trámite inútil
No tiene ningún sentido que esta eliminatoria tuviera que resolverse tras una prórroga. Dos equipos compitiendo en una fase que en las anteriores ediciones de la Nations League ni existía, ahora se han medido en los cuartos de final en dos partidos extenuantes.
Después de 180 minutos compitiendo rojos contra oranges, el duelo tenía que resolverse directamente desde la tanda de penalties, sin necesidad de perder media hora más que acabaran pagando los clubes. De Jong y Lamine llegarán reventados en Barcelona, como también Nico o cualquier otro. O como los jugadores de Francia o Portugal, también clasificados como España en el último suspiro, tras 210 minutos.
La UEFA debe tomar cartas en el asunto, proteger más a los jugadores y resolver estos enfrentamientos directamente desde los once metros, en un cara o cruz sin necesidad de castigar tanto a los jugadores.
Sea como sea, De la Fuente sigue con la flor en la mano, o con todo un ramo, que le mantiene intocable al frente de la selección donde un mismo grupo de jóvenes jugadores que le han llevado a ganar una Eurocopa, una Nations League, otra final y ganar un Balón de Oro. Con esta clasificación, España confirma como una potencia mundial. Ahora le queda el test final en Alemania donde se medirá a Francia en semifinales. Están siendo tres años de ensueño para la selección española. Y el mérito es de una generación espectacular y de un técnico repleto de sentido común.

