En las próximas horas las cuentas de Instagram de los jugadores empezarán a llenarse de postales navideñas, fotos en la nieve, mensajes de felicitación y buenos deseos. Cualquiera de ellos, cualquiera de ustedes firmaría con los ojos cerrados repetir un año como el que está a punto de marcharse y que tan buenos momentos nos ha dejado. Aún ayer, haciendo el preceptivo resumen del año, me puse a repasar las páginas publicadas el día del partido en Getafe para revivir aquella felicidad y, de paso, constatar la superioridad estética que tiene el periódico de papel. Disfruten del momento -sobre todo los más jóvenes e inexpertos- porque no crean que van a pasarse la vida viviendo en este cuento donde todo es paz y armonía. Eso mismo pensaban los celtistas de comienzos de siglo y de repente se vieron unos años comiendo las uvas con la duda de si su Celta llegaría a la Navidad siguiente. El Celta es como la obra de uno de esos escritores de novela negra que van pegando brincos en la narración en busca de una nueva sorpresa que agite al lector y sacrifican para ello la coherencia y terminan componiendo puzzles incomprensibles. Esos aficionados tampoco pensaban que nada malo podría suceder y llegaron a normalizar el éxito y a protestar porque llegó un momento en el que todo parecía insuficiente. Por eso conviene disfrutar siempre de los pequeños o grandes triunfos que regala este fútbol traicionero y al que nunca se puede dar la espalda.
[–>[–>[–>El epílogo a este 2025 en el Tartiere (con la cornada aún reciente de Albacete) no fue un partido, sino un grito de socorro. El Celta llegó a Oviedo como si viniese de un semana de despedida de soltero y no tuviese otro deseo que el de encontrar una cama donde curar heridas y cansancio. En otras condiciones el punto hubiese parecido un premio escaso dado el nivel del rival y el enfermizo clima en el que se mueven los asturianos pero los de Claudio, exprimidos por el calendario de las últimas semanas, no tenían las piernas ni los jugadores para acercarse a la versión ideal que su entrenador persigue. Pero al menos avanzó en la consolidación de un plan defensivo que no solo lo ha sostenido en este tramo de temporada sino que lo ha impulsado hacia la zona alta. Otro capricho del fútbol, otro giro inesperado. Es curioso que el Celta, que tanto quiso cambiar con la llegada hace casi dos años de Claudio a su banquillo, ha ido evolucionando hacia la idea que sin éxito alguna quiso implantar Benítez en Vigo. Incluso en el terreno del viejo profesor es mejor el porriñés. Puntuar por sistema, aunque no seas capaz de llegar a lo que pretendes, es un signo de madurez. A ello aspiran todos los entrenadores del mundo y Claudio ha ido modulando su propuesta (en gran medida por la falta de perfiles concretos, algo que resulta evidente en esa zona del campo donde se quedó sin Fer López) para conseguirlo. Ese es otro de los triunfos de este 2025, seguramente no tan reconocido, pero igual de importante.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>Los sueños del Fortuna no paran de crecer
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Hoy no quería alargarme en exceso, pero no puedo irme sin hacer un guiño a la victoria del Celta Fortuna ante el Castilla que vuelve a poner en valor el trabajo inmenso que Fredi Alvarez está haciendo con el equipo más joven de su grupo, segundo en una categoría criminal como es la Primera Federación y dando vuelo a la siguiente generación de jugadores que aporrea la puerta del vestuario y a los que Claudio acabará por hacer suyos. Y permítanme hacer un aparte con Hugo Burcio. Ningún otro canterano me llena más los ojos ahora mismo que él. Acostumbrados a producir medio centros menudos y de buen toque, resulta que el Celta Fortuna tiene una tuneladora de solo diecinueve años que se come el campo de una punta a otra y que cuando arranca en conducción parece que el césped temblase a su paso. Le pega zapatazos al campo como si fuese Pogacar arrancando en las cuestas adoquinadas de Flandes. Ante el Castilla dio un curso de toque, de robo, de ayudas… y cuando a su alrededor todo el mundo bajaba su rendimiento él mantenía el nivel aplastando la fábrica de Valdebebas. Este no va a entrar en el primer equipo por la puerta sino tirando un tabique del vestuario.
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Babe Ruth o la universidad
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Me voy con la historia irrepetible de la semana que en esta ocasión tiene como protagonista a un joven japonés, superdotado para el béisbol, que en un momento de su vida tuvo que tomar una decisión delicada entre continuar su formación académica o enrolarse en un equipo para jugar contra los mejores profesionales de Estados Unidos. Su vida (corta) fue una permanente aventura a medias entre el béisbol, su familia y el ejército imperial. Espero que les guste o al menos les entretenga.
[–>[–>[–>Si esta newsletter tuviese música estaría sonando ahora mismo “Fairytale of New York”, el mejor villancico y también el menos navideño de la historia. Pero una delicia absoluta que en mi casa y mi coche suena sin parar estos días. Un día escribiré sobre él. Feliz Navidad a todos.
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