La derrota encajada en el último suspiro el domingo frente al Espanyol, cuarta del presente curso, ofrece la sensación de haber entrado en un bache de juego por la gran oportunidad perdida en Razgrad para certificar el pase a dieciseisavos de final en Europa, el pertinaz gafe de Balaídos y la peor relación que el equipo de Claudio Giráldez parece tener esta temporada con el gol.

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