La guerra siempre plantea un dilema personal. Alistarse o huir; ceder para lograr la paz o seguir luchando. Esas disyuntivas se dan estos días en millones de hogares en Ucrania. Quieren que sus soldados (padres, hijos, hermanos) vuelvan del frente. Pero necesitan que alguien les prometa que no volverán a sufrir el calvario de los pasados 11 años de guerra; tres de ellos de una invasión a gran escala en la que han conseguido resistir al segundo mayor ejército del mundo.

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