Chimezie Metu, against Edy Tavares at Real Madrid – Barça de Euroleague / EFE
Este 7-0 duele mucho. 7-0 en los últimos siete partidos del Barça contra el Real Madrid en baloncesto: tres la pasada temporada con Roger Grimau en el banquillo y cuatro esta con Jordi Peñarroya al mando del equipo. Un 7-0 contra el máximo rival duele y debería acarrear consecuencias en un club en el que, según su presidente, Joan Laporta, perder tiene consecuencias. No parece que sea el caso en el baloncesto, que sigue sin rumbo desde que, en nombre de la contención presupuestaria, la directiva puso fin al proyecto encabezado por Sarunas Jasikevicius y Nikola Mirotic, quienes dejaron como balance dos Ligas ACB, dos Copas del Rey y tres finales a cuatro de la Liga Europea. Un palmarés que se antoja hoy inalcanzable.
La última derrota contra el Madrid ha recordado a la que el equipo masculino de fútbol sufrió contra el Real Madrid en la semifinal de la Supercopa de España de 2022. El equipo entrenado por Xavi perdió por 3-2 en la prórroga después de un partido en el que los azulgranas sometieron durante muchos minutos a los blancos, que ganaron gracias a un contragolpe aislado. Al final del partido, Xavi se mostró orgulloso porque el Barça había competido al mismo nivel que el Madrid, había sido superior en muchos momentos y también había merecido pasar a la final. Qué menos, siendo el Barça.
Diezmados por las lesiones
De la misma forma, los de Peñarroya perdieron su séptimo clásico consecutivo con un equipo diezmado por las lesiones, tras haber llevado el control del partido durante muchos minutos y, como es constante esta temporada, en un final apretado que el adversario supo gestionar mejor, esta vez con la ayuda de un arbitraje casero. Ronald Koeman dijo de su Barça “es lo que hay”, y este Barça de baloncesto musita lo mismo. “Es lo que hay”, pero al menos se ha competido, que diría Xavi. Magro consuelo, y pésimo indicador de lo que está por venir.
Como ha escrito David Rubio en Sport, la forma de perder en Madrid pone de manifiesto que el equipo no ha bajado los brazos y que está con su entrenador. Es la única buena noticia que transmite el Barça, en tanto en cuanto la división del vestuario sería ya la puntilla fatal para el proyecto. El resto es un cúmulo de malas noticias: las lesiones, la falta de fichajes, la errática gestión de los minutos finales, la moral quebradiza, las carencias en posiciones clave (base y pívot) y las dinámicas en pista que hablan de talento individualista y escasas respuestas colectivas. “¿Tú ves a un Barça en Final Four con Tomas Satoransky y Juan Núñez como bases?”, se preguntaba esta semana Nacho Rodríguez, el antecesor de Juan Carlos Navarro como general manager, en una entrevista en el canal de YouTube de La Resistencia del Palau. ¿Tú lo ves?
Mala salud económica
En el corto plazo, el foco está sobre el propio Navarro y el directivo responsable del baloncesto, Josep Cubells, por no haber fichado para reforzar el equipo ante la plaga de lesiones, sobre todo la de Nico Laprovíttola, que se ha demostrado decisiva. La falta de fichajes obedece a la delicada situación económica del club y afecta a la composición de las plantillas de todas las secciones. El orgullo de ser un club polideportivo se mantiene en el Barça, y es parte innegociable de su ADN (no en el baloncesto femenino, eso sí), pero la competitividad de las plantillas se resiente cuando las cuentas de la entidad van tan justas. En este sentido, es comprensible que Navarro y Cubells tengan poco margen de maniobra, lo mismo le sucede a Deco, con la diferencia de que la cantera no acude al rescate del baloncesto.
Pero si se ponen las luces largas, la responsabilidad de los dos responsables de la sección en los despachos es mucho mayor. Dentro de los parámetros económicos del club, la responsabilidad de la confección de la plantilla de los dos últimos años es suya. Comparar su trabajo no ya con el Real Madrid o los transatlánticos de la Liga Europea, sino con el fabuloso Unicaja de Málaga, el Valencia Basket o incluso el Laguna Tenerife, da mucho que pensar. Su elección de entrenadores y equipos técnicos también es discutible. El Barça se deshilacha por las lesiones, pero también cada vez que Willy Hernángomez pasa más tiempo en el banquillo que en la pista o cuando las defensas flotan a Núñez más allá de la línea de 3.
Lo peor no es este 7-0 con el Madrid. Lo peor es que parece que los blancos (incluso esta versión en transición y también limitada), el Unicaja y los grandes de Europa, parecen jugar en otra Liga.

