Argentina pisoteó a Brasil. Goleó, sin tener a Leo Messi, por 4-1, pero el marcador podría haber sido aún más escandaloso. Hay un mundo entre esta versión empoderada de la Albiceleste y este Brasil sin alma, vulgar, sin patrón de juego, que va más allá de la conquista de un Mundial y dos ediciones consecutivas de la Copa América.

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