Trabas burocráticas, amistosos caídos a última hora y un búnker obligatorio en México definen el accidentado viaje de la selección iraní para sobrevivir a la cita mundialista. El combinado asiático se ve obligado a improvisar sobre la marcha en un escenario de extrema tensión logística y diplomática que ha condicionado por completo su planificación deportiva a días del debut.
[–>[–>[–>El insólito test de urgencia ante los Xolos de Tijuana
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La última muestra de este auténtico calvario organizativo se escenificará mañana mismo. Según reportó el periodista Erfan Hoseini, el equipo iraní disputará su último partido de preparación a puerta cerrada. Lo llamativo no es el secreto del encuentro, sino la entidad del rival elegido de urgencia: el equipo juvenil Sub-21 de los Xolos de Tijuana. Un examen a todas luces descafeinado para afrontar la mayor exigencia futbolística del planeta, pero el único salvavidas disponible en las horas previas al torneo.
[–>[–>[–>Iran fans, upon the arrival of the team to Tijuana / EFE
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Granada, una opción caída que obliga a cambiar los planes
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La realidad es que el cuerpo técnico iraní jamás planificó un cierre de preparación frente a una plantilla de canteranos de la liga mexicana. La hoja de ruta original contemplaba un enfrentamiento internacional de garantías contra la selección absoluta de Granada, un choque que encajaba geográficamente y que debía dotar al bloque de ritmo competitivo.
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Sin embargo, levantar un partido de este calibre en territorio neutral requiere unos permisos y una agilidad logística que no se han podido consolidar. La burocracia venció al fútbol, el duelo se desmoronó definitivamente y la concentración de Irán quedó herida de gravedad. Fue en ese momento crítico cuando el club fronterizo apareció para salvar la papeleta del combinado nacional, ofreciendo sus instalaciones para evitar que el equipo llegara al debut sin vestirse de corto.
[–>[–>[–>Un búnker en México y régimen militarizado de “entrada por salida”
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Este remiendo competitivo es solo la punta del iceberg de un periplo marcado por la geopolítica. El combinado iraní no ha podido establecer su base de operaciones en Estados Unidos debido a las severas restricciones en la emisión de visados por parte del Departamento de Estado norteamericano. La solución de contingencia obliga a mantener el búnker de Irán de forma permanente en México.
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Iran player Alireza Jahanbakhsh, upon arrival this Sunday at the Tijuana International Airport / EFE
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Los futbolistas y el cuerpo técnico han recibido una dispensa gubernamental bajo un estricto régimen de “entrada por salida”. La expedición viajará a la sede de Los Ángeles para disputar sus respectivos encuentros oficiales de la fase de grupos y, en cuanto el colegiado señale el final, la delegación deberá subir a un avión chárter de regreso inmediato a territorio mexicano. Un desgaste logístico y psicológico evidente para un grupo humano que competirá en clara desventaja respecto a sus rivales.
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[–>Pese a competir contra el reloj, contra los despachos de aduanas y contra la falta de rivales de entidad, la selección de Irán se agarra al orgullo competitivo. Mañana, frente a los juveniles de Tijuana y sin público en las gradas, buscarán las últimas sensaciones futbolísticas de una preparación contra viento y marea para un equipo que ya ha tenido que superar su propio mundial antes de que ruede el balón.
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