Un gol de César Álvarez en el minuto 92, cuando el 0-0 ya parecía imposible de modificar, premió al Tenerife con un triunfo de insistencia y de fe. Otra manera de ganar. Con apuros, con sufrimiento, al borde del final. Y ya son 14 esta temporada, la cuarta seguida en este tramo del calendario. Una victoria de esas que parecen reservadas solo para los equipos grandes, esos que tienen que ganar porque son mejores y lo consiguen como sea, y que castigan a los más modestos, equipos que entran en el vestuario con la sensación de haberlo hecho todo bien. O casi todo. No fue suficiente para un digno Talavera, cuyo rendimiento defensivo rozó la perfección ante el rival más goleador de la categoría.
[–>[–>[–>Lo que cuenta es el paso dado, otro más. Un partido menos en Primera RFEF, un 1-0 celebrado como la mayor conquista por la afición. Porque ya son 44 puntos justo en la mitad del camino, y ocho de margen con el segundo clasificado, un Celta Fortuna que recibirá el domingo al Barakaldo.
[–>[–>[–>Tardó en arrancar un Tenerife que salió al campo con una única novedad en la alineación titular, la entrada de Maikel Mesa por Jesús de Miguel. Unos 15 minutos de toma de contacto. Empezó aparentemente mejor un rival peculiar, un Talavera que se defendía con tres centrales y con dos carrileros –la línea llegaba a ser de seis por momentos–, que reducía los espacios cerca de su área, pero que no se cortaba a la hora desplegar una presión alta y que al principio se animó a invadir el campo contrario con más recursos que el fútbol directo… Con sus cosas, cogió a contrapié a un Tenerife que, de entrada, se limitó a verlas venir, a ir aterrizando poco a poco en el encuentro armándose de paciencia. Le costó, pero poco a poco fue tomando el control, tal como se esperaba. Le bastó con tener algo más de continuidad con el balón y conectar con los generadores de juego ofensivo. Primero con la profundidad de Alassan, luego con el toque de distinción de Nacho, saliendo de su sitio para generar superioridad… Sin llegar a finalizar, los blanquiazules sí comenzaron a tener la pelota lejos de la portería de Dani Martín a partir del cuarto de hora. Y así, ya se ha demostrado que el Tenerife es un equipo que puede ser peligroso, que necesita poco para rondar el gol. La prueba estuvo en una irrupción de Juanjo y un posterior pase raso a David, que apareció en el área por sorpresa, recortó al central y tiró pegado al palo, protagonizando así la mejor ocasión de los locales hasta el momento (17′). Un par de minutos antes, Nacho Gil había lanzado sin éxito una falta con barrera. Con todo, la producción tampoco estaba siendo alta, un indicio de que el triunfo no iba a caer por su propio peso.
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A esas alturas, el Talavera ya estaba centrado en defenderse. Ya había dejado de atacar. Yel Tenerife movía el balón con la esperanza de hallar algún resquicio por el que colarse. Cervera no lo veía nada claro y pasada la media hora ordenó que los extremos intercambiaran sus posiciones, Alassan a la izquierda y Nacho a la derecha. Pero tampoco así hubo manera de alterar el orden de un Talavera que hacía poco, pero lo hacía bien.
[–>[–>[–>Ni siquiera estaba funcionando el balón parado, los saques de esquina que tantas soluciones habían aportado esta temporada. Como mucho, antes del descanso, un remate de cabeza de José León que salió alto, sin que tuviera que intervenir Jaime González, que seguramente dio por bueno el balance defensivo de su equipo en una primera mitad en la que el Tenerife no llegó a chutar entre los palos.
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El Tenerife iba a necesitar algo más para imponerse, a no ser que fuera rescatado por algún golpe de suerte o por la fuerza de la dinámica, la suerte buscada del líder.
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[–>La receta fue la insistencia, el empuje. Los blanquiazules retomaron la misión con decisión y sin cambios, con Alassan y Nacho de nuevo en su sitio. Pero el Talavera seguía igual de enchufado, mérito para un equipo con solo cinco jugadores de campo en el banquillo y condicionado por la baja de última hora de su goleador Di Renzo. La resistencia de los toledanos no sufría erosiones, pero parecía cada vez más dependiente de que el Tenerife pusiera una marcha más. Y eso fue lo que pasó con el partido inclinado hacia el área de Popular. Un goteo de llegadas, de centros al área, muchos faltos de precisión.
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Y al fin, un remate limpio, ejecutado por Alassan en la frontal del área en el 57’ para subir los decibelios del Heliodoro. El guardameta ya había estrenado sus guantes.
[–>[–>[–>La marea remitió y Cervera agitó el once con dos cambios en el 63’. Quitó a Maikel –más voluntad que influencia en su regreso a la titularidad– y también a David, y puso a Jesús de Miguel y a Marc Mateu -su estreno como blanquiazul en casa–. Relevos de nivel para tratar de desbloquear el 0-0. Al rato, Aitor Sanz por Fabricio.
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Más que por nombres, por ritmo y por sensación de superioridad, el Tenerife ya era un equipo más reconocible, un líder con margen por delante para añadir otra victoria a su clasificación. El cronómetro podía ser un aliado pero también un enemigo más por el factor inevitable de las prisas, malas consejeras en estos casos. Porque el Talavera seguía sorprendentemente firme y de vez en cuando incluso se estiraba, permitiéndose probar fortuna de manera puntual, sin inquietar a Dani.
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Eran las excepciones de un encuentro que se disputaba casi siempre en una única dirección. Yque recibió en el minuto 77 a Balde y Noel como sustitutos de Alassan y Gallego. El gallego se hizo notar enseguida al encarar a Jaime González en un mano a mano en el que el arquero llegó un segundo antes para cortar el centro de Landázuri. La acción fue aprovechada por el Talavera para sacar la tarjeta verde del FVS, supuestamente para pedir la expulsión de Noel por una falta al portero. Intento fallido.
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Entre unas cosas y otras, el reloj ya había rebasado el minuto 83. El Tenerife seguía igual de acelerado, con lo bueno y lo malo que eso implica, y el Talavera mantenía su respuesta defensiva sin fisuras, llamativa en un equipo con más goles a favor (21) que en contra (20).
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Pero nada de eso le iba a valer si no lograba aguantar todo el tiempo. Yno pudo. El pico y pala de un Tenerife desatado terminó por romper la roca talaverana. El ejecutor, un goleador de nuevo cuño, el canterano César Álvarez, un lateral convertido en nueve dentro de un bendito desorden. Estuvo donde debía en el minuto 92 para empujar el balón al fondo de la red.
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