La Copa del Rey siempre depara sorpresas y, a veces, grandes alegrías. El Sporting de Gijón superó (0-2) todas las expectativas para eliminar por la vía directa al Mirandés. Los gijoneses reforzaron su autoestima tras completar una notable actuación en su regreso a Mendizorroza. Los jóvenes y los menos habituales dignificaron la histórica camiseta en un partido que se resolvió en apenas veinte minutos. La actuación resultó tan convincente a nivel colectivo como individual. La eliminatoria, como apreciaron los protagonistas, no fue ningún marrón, sino el mejor escenario para alzar la voz. La Copa del Rey podría deparar ahora —a mediados de diciembre— un rival de Primera División que ayude a maquillar cuentas. Pero el torneo ya ha sido más que útil para un Borja al que, de repente, le han nacido más jugadores.
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“Lo importante para nosotros es la Liga; es el partido en San Sebastián”, había advertido con suma sinceridad Borja Jiménez, dispuesto a poner el foco en el encuentro de Anoeta ante la Real Sociedad B. Pero, ya saben, el fútbol es un deporte caprichoso e imprevisible. Y el Sporting olvidó enseguida, en un plis plas, las penas de la competición regular. Amadou y Manu Rodríguez, dos de los zagales que aspiran a ganarse la confianza de Borja, pusieron patas arriba Mendizorroza. El problema del gol —cuatro en los últimos seis partidos— pasó a mejor vida. Antes del minuto 20, los asturianos ya habían puesto tierra de por medio (0-2). Todo salió de cara enseguida en el estreno de la camiseta blanca por los 120 años del club.
[–>[–>[–>Cortés, de villano a héroe
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Que se lo digan a Cortés, en la rampa de salida para el mercado invernal. En cuestión de tres semanas pasó de villano a héroe en el terreno del Deportivo Alavés. Si se jugaba crédito, su partido resultó esperanzador. Hizo exactamente lo que se le pide a un extremo: ser desequilibrante y vertical. Con confianza, se permitió incluso mostrar destellos de calidad.
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Pero antes, Amadou ganó años de vida. Ya pesa menos esa mochila. No había sucedido nada reseñable cuando Pablo Vázquez firmó un envío quirúrgico de área a área. El senegalés se abalanzó sobre el balón para rematar en escorzo, de primeras, sobre la espalda de Pica —pretendido por el Sporting en verano— y superar a un Juanpa vencido. Ni siquiera le dio tiempo a levantarse a los rojillos cuando Cortés, desequilibrante y osado, destrozó a Hodei y levantó la cabeza para poner un centro endiablado. La bola salió rechazada hacia los pies de Manu Rodríguez. El centrocampista demostró por qué goza de la confianza de Borja: intentó un disparo que terminó siendo un control orientado perfecto y, después, tiró de rosca para ajustarla al palo, imposible para Juanpa.
[–>[–>[–>Un equipo repleto de chavales —debutó con nota el prometedor lateral izquierdo juvenil Álex Diego— estaba pasando por encima de un Mirandés que transitó por la Copa de puntillas. Por cambiar, Borja cambió hasta el sistema: un 4-4-2 con dos puntas clásicos (los cuestionados Amadou y Caicedo) en un once en el que irrumpía Iker Martínez como extremo. La voluntad del revoltoso El Jebari era el principal arma de un rival demasiado frágil en la retaguardia. El Sporting se mostraba incisivo y, además, controlaba las áreas. Las zonas rojas en Liga ya no eran un campo de minas. Christian Joel solventó con dos salidas de mérito ante Petit su escaso trabajo. Si hubo un susto fue cuando el capitán Kevin se aceleró jugándose la segunda amarilla. Poco antes, Amadou amagó con su segundo tanto en otro remate complejo que se escapó cerca del poste. El descanso llegó en un tramo de monotonía, con los gijoneses controlando sin sufrir.
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Otra energía del Mirandés
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Tras el descanso, Borja protegió el eslabón más débil. Quitó al amonestado Kevin por un Justin Smith que se posicionó junto a Bernal, lo que provocó numerosos cambios en la estructura. Para empezar, Iker Martínez se ubicó en su posición natural, lateral derecho. Quien se colocaba como extremo era ahora Manu Rodríguez. Algo debió decir Jesús Galván en la charla, porque los rojillos salieron con otra energía tras el descanso. Su fútbol no era nada del otro mundo, pero ya tenía más intención y verticalidad. El Jebari reclamaba una y otra vez el balón. Una acción individual del habilidoso extremo apretó a los gijoneses y obligó a Joel a sudar de verdad. El brazalete —fue capitán tras la salida de Kevin al descanso— le dio, si cabe, más confianza a un portero que es pura autoestima. La baja no le ha restado un ápice de autoconfianza, aunque en ocasiones le juegue malas pasadas.
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[–>La meritoria parada de Joel a El Jebari frenó el atisbo de reacción de un Mirandés que comenzó a desinflarse y perdió todo el empuje con el paso de los minutos. El epílogo del partido sirvió para confirmar la recuperación de Queipo, que irrumpió al campo con gallardía. El extremo parece competir contra sí mismo, como si quisiera demostrarse que sigue siendo aquel chaval que enamoró a Abelardo.
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