El fútbol está siendo rácano con el CD Castellón en el inicio de curso. Este viernes, frente al Real Valladolid, el equipo de Johan Plat desplegó su ambición habitual por el terreno de juego, pero disparó con armas de fogueo y recibió, a cambio y como en Santander, el castigo de la contundencia ajena.
Desde el año pasado, la teoría está clara: el Castellón quiere ganar solidez sin perder capacidad atacante. El propósito es conocido, pero la práctica a menudo se resiste sobre el verde. En el debut en Santander, Plat optó por lo que le había funcionado en pretemporada, con cuatro en la zaga. Los buenos deseos duraron un rato: el Racing subrayó los pequeños errores aumentándolos de tamaño.
Tres goles encajó el cuadro albinegro en la derrota en Santander, donde además, repasando los datos, salió muy mal parado en los duelos aéreos. Quizá este aspecto condicionó al técnico neerlandés a la hora de elegir a los centrales titulares, ausente por obligación el sancionado Alberto. El entrenador optó por recuperar a Óscar Gil y mantener a Sienra, con Brignani en el banco. Cabe apuntar que el ariete del Valladolid es una torre de 192 centímetros llamada Latasa.
La otra novedad respecto a la primera jornada, esta por decisión técnica, pasó dar carrete a Suero y sentar al espumoso Cipenga. La maniobra fabricó un nuevo paisaje para Cala, que en Santander agradeció la entrada del colega Suero, y anoche partió desde la banda para evitar vigilancias y enganchar luego por dentro.
La alternancia posicional entre Suero y Cala fue la clave del ataque albinegro. Cuando el Castellón consiguió conectar con alguno de ellos en el carril central, a la espalda de la media rival, la jugada adquiría otro color. Por ahí, con Salva Ruiz a veces subiendo el peldaño en una plaza intermedia, tejieron los locales los ataques más fieros.
Muchos saques de esquina
Para empezar, el Castellón acumuló córners sin premio. Salva Ruiz estuvo a punto de marcar un golazo de época en uno de ellos, pero su volea cruzada se marchó fuera. El ritmo y el caudal de los albinegros midió la coraza del Valladolid, que demostró hechuras de buen equipo desde el comienzo.
Porque los visitantes aceptaron el envite sin miedo. Sufrieron cuando no tuvieron más remedio. También presionaron alto y también trataron de construir, de inicio, alternando el pie con la búsqueda de la boya Latasa. También estaba por ahí Iván Alejo, en su línea, haciendo el tonto por momentos.
Cuando se dedicó a jugar, Alejo generó la primera acción de peligro del Pucela. Tensó un centro que cabeceó Latasa fuera. Encadenó sus saques de esquina el equipo visitante y Amir repelió un testarazo de Tomeo. Por alto las tocaban todas.
Al cuarto de hora le hicieron penalti a Cala, pero lo anularon por fuera de juego. La acción había nacido en una jugada mascada desde la salida, donde los orelluts aceptaron los riesgos, pero el Valladolid ajustó tras la pausa de hidratación y empezó a robar más alto. Así llegó otro córner, en el minuto 39, y ahí llegó el 0-1 de Latasa de cabeza.
Dando la cara
En desventaja, el Castellón respondió sin colmillo y con grandeza. Enlazó jugadas colectivas y acciones individuales de mérito, acogotó al rival y rozó el empate: el poste escupió en el 45’ un tiro muy claro de Suero.
Tras el descanso, parecido. Otra gran acción colectiva se marchitó en el casi, con un intento de Cala que sacó el meta. Enfrente, el Valladolid inició el serial del freno, la pérdida de tiempo y el petróleo. En el brete, con el Castellón percutiendo, Plat cerró con tres y dio bola a Doué y Serpeta. Luego añadió a Markanich, Mamah y Pablo Santiago, pero el equipo empeoró con los cambios. Amir evitó el 0-2 frente a Chuky y el asedio final no dio rédito: el portero negó el empate en la última de Cala.
