Rúben Amorim asumió un reto de dificultad extrema cuando tomó las riendas del Manchester United en noviembre. El técnico luso, que venía de devolver al Sporting CP a lo más alto de Portugal, encaraba la misión de resucitar a un histórico de Inglaterra que encadena demasiados años sin rumbo fijo y que está claramente condicionado por la herencia de su anterior entrenador, Erik ten Hag -actualmente en el Bayer Leverkusen-, de ideas muy distintas a las del portugués.

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