Hay figuras del deporte que parecen diseñadas para trascender más allá de los límites de su disciplina. Boris Becker es una de ellas. Ídolo precoz, campeón forjado a martillazos de revés, símbolo del tenis alemán en su edad dorada y personaje de carne viva, con los aciertos y contradicciones que acompañan a los genios caídos. A sus 57 años, tras pasar por la cima del tenis y también por la cárcel, Boris Becker habla de redención, de madurez forzada y de segundas oportunidades.

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