Con el tiempo, el caso de Frenkie de Jong, cuyo aterrizaje en el Camp Nou se produjo – no lo olvidemos – en plena descomposición de la era Messi, se estudiará en las universidades del deporte y del fútbol. ¿Cómo, casi desde la nada, culpar de todos los males de un equipo a un solo futbolista? Por sistema y con un adorable índice de perversión. Cuando el Barça juega mal y pierde, el diablo. Cuando el equipo juega bien y gana, De Jong no existe. Si llueve y cae piedra en Barcelona, no lo duden: la culpa es de Frenkie.
[–>[–>[–>Da igual que eligiera al Barça por delante de ofertas mejores, da igual que todos los entrenadores – Flick, el primero – le pongan, sin excepción; da igual que el grupo le quiera, que alguien le quisiera vender por detrás, que, con Pedri, sea el único que se atreve a pedirla con la presión del rival en el cogote, que no pierda un balón, que sin él se caiga en un cruce de Champions, que sea intocable en Países Bajos. Todo da igual… Hay que rajar de De Jong. Entiendo que haya gente que prefiera a Bernal, a Gavi o incluso a Eric. Pero no a quienes acuden a la crítica fácil, le insultan y le menosprecian.
[–>[–>[–>A Frenkie, en una reciente y brillante entrevista de Didac Peyret en Sport, se le vio humilde y honesto. Reconoció que debió hablar más con la prensa y que él no compra elogios a cambio de información. Además, dejó otra gran verdad: compite con medios de La Masía. Las tortas van a ser siempre para él. El año pasado hubo voces que pidieron su venta porque ya tenían a Casadó. Esto es el Barça, pero ya lo siento. Nadie va a bajarme del barco de uno de los mejores centrocampistas de Europa. Lo siento de verdad.
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