La última portada SPORT del año tiene como titular: Los tres deseos de Laporta. El presidente del Barça brinda con los lectores de SPORT por un 2026 “de buen fútbol y con más títulos” en clave azulgrana. A pocas semanas de convocar elecciones, confía en que sean “una fiesta de la democracia y con una gran participación”
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El foco deportivo inmediato, sin embargo, está en el derbi. Y la gran noticia en el vestuario es que Dani Olmo “acelera” para llegar a tiempo, mientras Pedri apunta a la titularidad. Dos piezas de enorme valor para un partido que no entiende de etiquetas ni de dinámicas previas: el derbi se juega con la cabeza caliente y las piernas firmes. En el caso de Olmo, el optimismo nace de su evolución en los últimos entrenamientos y de la sensación de que el tramo final de la semana puede ser decisivo. El cuerpo técnico, siempre cauteloso con los plazos, calibra riesgos y beneficios: contar con su movilidad entre líneas y su capacidad para aparecer en zonas de remate puede cambiar el guion de un partido áspero, de duelos y segundas jugadas.
[–>[–>[–>Pedri, por su parte, aparece como el termómetro emocional y futbolístico del equipo. Cuando el canario está bien, el Barça respira: ordena posesiones largas, encuentra pasillos donde no los hay y baja la ansiedad colectiva. Que “apunte al once” no es solo una buena noticia por su talento, sino por lo que representa: un plan de partido con control, con pausa y con capacidad para mandar. Si el derbi se decide por detalles —y suele ser así—, tener a Pedri cerca del balón es un seguro de vida.
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La noche europea dejó una herida abierta. El Barça perdió 74-90 contra el Mónaco en un partido marcado por la polémica arbitral, según refleja el titular. Más allá del resultado, el encuentro tuvo un punto de inflexión que descolocó al equipo: decisiones discutidas, protestas, y una sensación de frustración que terminó por afectar el rendimiento.
[–>[–>[–>El Mónaco, sólido y físico, supo sacar partido del desconcierto. Cuando el Barça amagó con engancharse, llegaron acciones que rompieron el ritmo: interrupciones, faltas señaladas en momentos delicados y una cadena de situaciones que encendió el banquillo y enfrió la claridad ofensiva. En Euroliga, donde cada posesión es una negociación, perder la calma se paga con intereses.
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En la antesala del Rally Dakar, la portada abre una ventana al motor con una entrevista a Jesús Calleja, que deja una frase potente: “Los coches del Dakar parecen de Fórmula 1”. La comparación no es gratuita. En los últimos años, la tecnología, la preparación y la profesionalización han elevado el listón hasta límites impensables: máquinas más rápidas, más sofisticadas y, al mismo tiempo, sometidas a un entorno brutal.
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[–>La idea de “Fórmula 1” no se refiere solo a la velocidad, sino al ecosistema: ingeniería al detalle, análisis de datos, optimización constante y equipos que compiten con una precisión casi quirúrgica. El Dakar mantiene su esencia —dunas, navegación, resistencia—, pero cada vez convive más con el alto rendimiento tecnológico.
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