“De los antiguos, murió el matrimonio que vivía delante de mí, los de al lado… ¡Pues voy a ser la única superviviente! En mi rellano, se han muerto todos”, se percata Silvia mientras recuenta las bajas. Vive de alquiler desde hace años en una de las escaleras de un bloque de Barcelona condenado al derribo desde hace dos décadas. Sin embargo, la suerte de los números 239 y 241 de la calle Entença permanece en el limbo: sus habitantes, todos inquilinos del mismo propietario, desconocen cuándo se cumplirá el plan municipal que obliga a realojarlos para tirar el inmueble al suelo.

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