Claudio Giráldez representa mucho más para el Celta que un entrenador receptivo hacia la cantera con una vivaz propuesta de juego que ha encandilado a propios y extraños por su plasticidad y extensa gestión de los recursos. El entrenador porriñés ha devuelto al Celta a Europa tras salvarlo del descenso la campaña precedente, dando galones a un puñado de chavales, toda una hazaña que trasciende lo meramente deportivo y que ha supuesto también una tabla de salvación para el club en tiempos de dificultad financiera, tras ejercicios continuados de pérdidas por el demoledor efecto de la pandemia, la incesante escalada salarial del plantel y la obligación de afrontar indemnizaciones millonarias por decisiones estratégicas fallidas.

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