Mucho ha pasado desde que Luis Roldán, aquel que fuera director general de la Guardia Civil y afiliado al PSOE, se entregase a la policía en el aeropuerto de Bangkok tras un año de fuga asiática. Los más de 2.000 millones de pesetas que se había llevado de las arcas públicas opacaron -y no era para menos- otra mentira: Roldán ni era ingeniero industrial ni licenciado en Empresariales, como presumía. A duras penas había terminado el bachillerato. Luego, ya en la cárcel, estudió Ciencias Políticas y Sociología. Pero bien hubiera hecho la clase política de entonces si hubiera tomado nota de aquel engaño que quedó en un segundo plano, la falsificación de un currículum que, 30 años después, sigue teniendo sus réplicas ante el escaso control por parte de partidos e instituciones.

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