En la previa del partido en Miami, cerca de las cinco de la tarde, el sol brillaba con fuerza y apenas unas nubes surcaban el cielo. Nada dejaba entrever cómo se iba a complicar la jornada meteorológica en la zona norte de la ciudad. La actividad arrancó con normalidad con la rueda de prensa del seleccionador de Cabo Verde, ‘Bubista’, celebrada en el propio vestuario de los Miami Dolphins, un espacio que la organización había transformado en sala de prensa. Tras su comparecencia, en la que estuvo acompañado por Garry Rodrigues, tomaron el relevo el uruguayo Brian Rodríguez y, como cierre, el técnico Marcelo Bielsa.
[–>[–>[–>Esta intensa tarde de previas concluyó poco antes de las ocho. Para entonces, la prensa ya acumulaba tres horas largas transitando por los pasillos interiores del recinto, totalmente ajenos a la luz natural. Algunos compañeros terminaron sus artículos y salieron antes; otros, más rezagados, apuramos el cierre de la jornada de trabajo. Sin embargo, al intentar abandonar las instalaciones, el escenario exterior había cambiado radicalmente: el día se había apagado por completo y una lluvia torrencial azotaba la ciudad.
[–>[–>[–>La escena que nos encontramos los últimos en salir era, cuanto menos, peculiar. Debajo de los techos del estadio y en las escaleras de acceso se agolpaba una multitud de periodistas atrapados. Ya no había sesiones de fotos ni conferencias en marcha que justificaran la aglomeración, pero absolutamente nadie podía marcharse. El motivo respondía a uno de los mayores miedos de la organización: el temido protocolo de tormentas eléctricas se había activado en plena previa ante los constantes relámpagos que iluminaban el amenazante cielo de Florida.
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El implacable cronómetro de seguridad
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Este mecanismo preventivo es sumamente estricto y puede llegar a retrasar cualquier evento deportivo durante horas. Su funcionamiento establece que, ante la mera detección de actividad eléctrica o el impacto de un rayo en un perímetro de aproximadamente trece kilómetros alrededor del recinto, se paraliza toda actividad. Las gradas deben ser evacuadas inmediatamente para que el público busque refugio bajo techo, mientras que las plantillas tienen la estricta obligación de confinarse en los vestuarios.
[–>[–>[–>A partir de ese exacto momento, los árbitros inician un cronómetro de seguridad de treinta minutos. Solo si ese margen de tiempo transcurre sin que se registre ninguna nueva descarga en la zona delimitada, se permite que todos los involucrados regresen a sus posiciones originales.
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La directriz oficial y la incertidumbre de cara al pitido final
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Lo que no contemplábamos cuando se nos explicaba la normativa era que este protocolo estuviera activo también durante la previa del encuentro y que afectara directamente al movimiento de la prensa.
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[–>“La tormenta va a estar sobre nosotros una hora, se revisará cada 15 minutos, estén bajo cubierto”, comunicaron desde la FIFA de forma clara y directa.
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Para el final del partido, los partes meteorológicos vuelven a señalar tormenta en la zona. Ahora solo queda esperar para comprobar si hará falta volver a activar el protocolo de emergencia, esta vez con el estadio lleno y el partido en marcha.
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