Sandman estaba destinada a ser una de las mejores adaptaciones de un cómic a la pantalla. Y no de un cómic cualquiera, sino de una de las obras cumbre del noveno arte de los años 90. Tras arrasar con la primera temporada hace tres veranos, Netflix acaba de ofrecernos casi de tapadillo la primera tanda de lo que va a ser la segunda y última temporada de la serie. Una superproducción en fase de liquidación y a precios de saldo de la que pretenden deshacerse como si apestara. El motivo de la caída en desgracia de Sandman ha sido la implicación de su autor en varios casos de abusos sexuales que habrían sufrido algunas de sus empleadas, especialmente de la que fue su niñera, aunque hay más víctimas. Unas denuncias muy feas contra Neil Gaiman que, aunque aún están en fase de investigación y sin sentencia, parecen haber truncado el salto que el guionista y escritor planeaba dar desde el papel a la industria audiovisual. Antes del estreno de la segunda temporada, Netflix ya anunció que la serie estaba cancelada, aunque precisaba que el motivo eran las audiencias y no las denuncias. Lo cierto es que las denuncias se conocieron en plena fase de producción de la segunda temporada y lo que pasaba en la realidad, de alguna manera sí parece haberse trasladado a la pantalla.

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