La solemnidad acompaña al Movimiento Olímpico, está en su misma esencia como un elemento troncal de su fuerza, que reside en la unión de culturas a través del deporte. Lo sabe bien Thomas Bach, quien en sus 12 años al frente del Comité Olímpico Internacional (COI) que hoy han llegado a su fin ha tenido que trabajar la diplomacia y la mesura para moverse en las turbulentas aguas de la geopolítica. Lo sabe igual de bien Kirsty Coventry, que recoge esa misión en un escenario que se adivina todavía más complejo que el de su predecesor, su amigo. Pero lo hace con ventaja: ella es el mensaje.

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