Suele decirse que el trabajo tiene recompensa, pero muchas veces no es así. Al menos, en el fútbol, donde la élite acaba convirtiéndose en un Everest que solo un porcentaje remoto logra coronar. Para Fermín López Marín (El Campillo, Huelva, 11 de mayo de 2003), la escalada ha sido una interminable carrera de obstáculos. Por momentos incluso pareció una utopía. Y es exactamente esto lo que provoca que el onubense se deje el alma cada vez que se enfunda la camiseta del Barça.

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