Escribir de fútbol es escribir de una pasión. Y toda pasión, por definición, es exagerada. No conoce la mesura ni la geometría. Vive en la frontera del exceso. El fútbol no es solo un juego: es un lenguaje primitivo donde caben la ilusión, el cataclismo, la esperanza y el derrumbe. Un teatro donde cada semana se representan los mismos pecados y las mismas redenciones, con distintos actores y un guion que nadie controla del todo. Por eso escribir de fútbol no es hablar de resultados: es hablar de una aventura humana llevada al límite.

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