La del pasado 3 de enero por la 18ª jornada no era una visita más, y el Espanyol era consciente. Las tensiones, comunes en cada derbi, se avivaron aún más con la vuelta de Joan García, ya como portero del Barça, al RCDE Stadium. Sin embargo, desde el club se tomaron las medidas necesarias, con comunicados rebajando los nervios y un llamamiento a la calma, todo para evitar posibles riesgos del cierre de su feudo al estar apercibidos. Y, pasado el suceso, aún con el dolor de una amarga e inmerecida derrota, el club blanquiazul puede estar tranquilo.

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