No están siendo meses sencillos para Rodrigo Mendoza en el Elche. Tras un inicio de temporada soñado, y posiblemente inesperado, con titularidad, internacionalidad y renovación, el joven talento murciano llevaba un tiempo de excesiva confusión, entre suplencias y mensajes públicos de su entrenador, más o menos directos, que difuminaban su futuro como franjiverde… incluso a corto plazo.
[–>[–>[–>Este sábado, 31 de enero, era un día clave para Mendoza. Titular… contra el Barça. Cita señalada. Reto mayúsculo. Eder Sarabia le daba unos galones en liga que no le concedía desde el 7 de noviembre, última vez que le incluyó entre los once elegidos para salir de inicio en la competición de la regularidad, contra la Real Sociedad.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>Tras ese partido, a todas luces positivo para el futbolista, el murciano se marchó con la sub-21 para jugar contra San Marino y Rumanía, con la vista puesta en el partido contra el Real Madrid en el Martínez Valero. Una cita, como la de este sábado, marcada en rojo en su calendario, por todo lo que supone medirse a un rival de estas dimensiones. Aquella tarde, decepción. Mendoza vio el partido entero desde el banquillo o la banda. No contó con un solo minuto de juego.
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El cambio de Mendoza
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Empezó entonces una peregrinación de más de dos meses en la que Sarabia solo le concedió ratitos en liga. Las titularidades quedaron para la Copa: Quintanar del Rey, Eibar y Betis. Este último duelo, contra los verdiblancos, con el mercado de enero ya abierto y varias novias asomando a la puerta de un futbolista que había pasado de titular indiscutible a casi última opción en la medular franjiverde. Arsenal, Juventus, Lazio y compañía aguardaban movimientos. El precio de mercado, obviamente, bajaba.
[–>[–>[–>El partido contra el Betis era visto como un momento de reivindicación. De demostrar a Sarabia que Mendoza merecía algo más. Cumplió, pero le tocó seguir esperando y salir desde el banquillo en las decepciones de Sevilla y Levante. La ausencia de Febas contra el Barcelona dejaba una plaza de titular en el aire. El cierre del mercado se acercaba. Y, el mismo día del partido, una nueva competencia asomaba: Gonzalo Villar.
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Sarabia quitó polvo a los galones de Mendoza, esos que llevaban en la taquilla del vestuario del Martínez Valero desde noviembre, y le soltó al ruedo. Contra el Barça. Sin Pedri, el futbolista con el que comparan al joven murciano. Sin Febas, insistimos. ¿Un caramelo envenenado? Puede ser. ¿Una oportunidad para alzar la mano? A todas luces.
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[–>Reivindicación contra el Barça
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La actuación de Mendoza contra el Barça, pese a la derrota de su equipo, fue más que convincente. En una medular más apagada de lo habitual por la ausencia de su faro y la floja actuación, rara avis este curso, de Marc Aguado, el canterano franjiverde trató de asumir los mencionados galones. De liderar. De mostrarse. De imponerse a De Jong, Dani Olmo y Fermín.
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Perdió la batalla… pero dio un paso adelante en la guerra. Demostró que no está, ni muchísimo menos, muerto. Cuesta creer que, a menos de dos días de cerrarse el mercado invernal, un futbolista sea titular, juegue 98 minutos, se vacíe sobre el terreno de juego y vaya a ser traspasado, aunque en el mundo del fútbol locuras más grandes se han visto.
[–>[–>[–>El caso es que, contra el Barça, Mendoza no fue Pedri, fue Mendoza. Con confianza, pidiendo el balón, tratando de superar líneas, de encontrar a compañeros ante la defensa avanzada culé. No fue tarea sencilla, pero logró brillar. Definió muy bien en un gol anulado, por claro fuera de juego. Fue el más asociativo de los franjiverdes. Y regaló una magnífica asistencia a Cepeda en el tramo final del duelo, en una acción que podría haber supuesto el 2-3 y un halo de esperanza al milagro franjiverde.
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La mala noticia fue que al chileno le quedó el balón en el pie malo. La buena, que Mendoza, por fin, dio la sensación de haber regresado al camino correcto. Tanto el Elche como el jugador y el técnico necesitan que estos meses de peregrinación acaben. Que el futbolista llegue a su destino, que no debe ser otro que formar parte del grupo de líderes de este equipo en el tramo decisivo de la temporada.
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